miércoles, 30 de marzo de 2016

Inanimado

A media tarde comenzó la lluvia, y llueve con ganas. ¡Tanto la deseábamos y necesitamos! Sin embargo otro suceso ha opacado esa alegría.
A comienzos de enero recuerdo que escribí unas líneas sobre "El allegado". Un gracioso, pequeño y vivaz perrito que llegó hasta nuestra casa y terminó quedándose; regalándonos cariño, movimiento y alegría constantes, pues las perras, ya viejas, no están muy ágiles que digamos.
El mejor regalo fue observar el gran cariño y amistad que despertó en nuestro nieto Diego, quien

llegaba feliz a encontrarse con él para jugar y acariciarlo sin temor alguno, manifestándose ambos su mutuo afecto.
Esta mañana, extrañamente, no lo encontré ni acudió a mis llamados. Más tarde, como no llegara aún, salí a recorrer sus habituales lugares de paseo en busca de conejos, lauchas, o lagartijas, y con gran pena, descubrí su cuerpo inanimado. Luego de examinarlo, me parece que hubiese recibido una coz de caballo, o bien, lo hubiere golpeado algún vehículo. El asunto es, que ya no lo veremos más saludándonos con grandes saltos, ni corriendo en círculos para manifestar su alegría.
¿Qué pasará con Diego? ¿Habrá que decirle la verdad? Menos mal, sólo soy su abuela y será su papá quien decidirá.  

5 comentarios:

  1. Una lastima, pero esos buenos momentos de tu nieto y el perrito ha sido como un regalo para todos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ha sido un regalo difícil de olvidar, especialmente por su vivacidad y constante alegría. No sabes lo terrible que fue oír el llanto y dolor de mi nieto cuando lo supo. Ahora, aunque lo extraña, está resignado a su pérdida.
      A pesar del poco tiempo que estuvo con nosotros, se mantendrá por mucho su recuerdo.
      ¿Y sabes qué? Su muerte fue intencional. Como hasta antes de llegar a nuestra casa era un perro que se las ingeniaba de cualquier manera para sobrevivir; se había acostumbrado a comer huevos. Y en una de sus andanzas hacia los gallineros vecinos, fue sorprendido infranganti y le costó la vida. Claro que esa verdad, no se la contamos a Diego. Son reglas propias de la vida en el campo y nada se puede hacer.
      Un abrazo

      Eliminar
    2. Ha sido un regalo difícil de olvidar, especialmente por su vivacidad y constante alegría. No sabes lo terrible que fue oír el llanto y dolor de mi nieto cuando lo supo. Ahora, aunque lo extraña, está resignado a su pérdida.
      A pesar del poco tiempo que estuvo con nosotros, se mantendrá por mucho su recuerdo.
      ¿Y sabes qué? Su muerte fue intencional. Como hasta antes de llegar a nuestra casa era un perro que se las ingeniaba de cualquier manera para sobrevivir; se había acostumbrado a comer huevos. Y en una de sus andanzas hacia los gallineros vecinos, fue sorprendido infranganti y le costó la vida. Claro que esa verdad, no se la contamos a Diego. Son reglas propias de la vida en el campo y nada se puede hacer.
      Un abrazo

      Eliminar
    3. Ha sido un regalo difícil de olvidar, especialmente por su vivacidad y constante alegría. No sabes lo terrible que fue oír el llanto y dolor de mi nieto cuando lo supo. Ahora, aunque lo extraña, está resignado a su pérdida.
      A pesar del poco tiempo que estuvo con nosotros, se mantendrá por mucho su recuerdo.
      ¿Y sabes qué? Su muerte fue intencional. Como hasta antes de llegar a nuestra casa era un perro que se las ingeniaba de cualquier manera para sobrevivir; se había acostumbrado a comer huevos. Y en una de sus andanzas hacia los gallineros vecinos, fue sorprendido infranganti y le costó la vida. Claro que esa verdad, no se la contamos a Diego. Son reglas propias de la vida en el campo y nada se puede hacer.
      Un abrazo

      Eliminar
  2. Ha sido un regalo difícil de olvidar, especialmente por su vivacidad y constante alegría. No sabes lo terrible que fue oír el llanto y dolor de mi nieto cuando lo supo. Ahora, aunque lo extraña, está resignado a su pérdida.
    A pesar del poco tiempo que estuvo con nosotros, se mantendrá por mucho su recuerdo.
    ¿Y sabes qué? Su muerte fue intencional. Como hasta antes de llegar a nuestra casa era un perro que se las ingeniaba de cualquier manera para sobrevivir; se había acostumbrado a comer huevos. Y en una de sus andanzas hacia los gallineros vecinos, fue sorprendido infraganti y le costó la vida. Claro que esa verdad, no se la contamos a Diego. Son reglas propias de la vida en el campo y nada se puede hacer.
    Un abrazo

    ResponderEliminar