jueves, 21 de abril de 2016

Atrapada

La desidia se volvió una savia densa, que lentamente ha ido recorriendo cada una de mis extremidades, dejándolas pesadas y desanimadas. 
Ahora siento, que también ha bajado por mi tronco y toda completa me abandono a su ocupación, como si en una playa solitaria me hubiesen cubierto con arena y tan sólo mis ojos pudiesen girar para contemplar lo que me rodea. Pero he aquí, cómo asoman ágiles, rápidos y fuertes los pensamientos. A ellos no llega la inercia, ni el abandono, ni la soledad. Ellos siempre viven, ellos desvanecen las espesuras, buscan esperanzas, redescubren la luz, abren puertas, sacuden rincones, destejen las tramas empolvadas, urden nuevas lazadas, despejan el alma. Con ellos me quedo medio reanimada, hasta cuando imperceptiblemente mis párpados se han tornado pesados y he de rendirme apoyando mi cabeza, para darle paso al sueño en que he quedado atrapada.

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