sábado, 16 de abril de 2016

Verdaderos tomates

Acabo de entrar a la casa cuando ya la oscuridad se adueña del entorno y mis mejillas se resienten con el aire frío que me hace recordar el pronóstico de baja temperatura para la madrugada de mañana (1 o 2 bajo cero). Por ese motivo, es que he ido muy de prisa a cosechar los tomates que quedaban, y a proteger otras plantas, de la más que probable helada de mañana.
En mis manos se ha quedado el perfume de los tallos y  hojas de
cedrón, que he cogido para secar.
Cada día, cuanto más disfruto saboreando los exquisitos tomates cultivados en mi huerta, más falsos encuentro los que ofrecen en los supermercados. ¡Bien valen todos los minutos dedicados a sembrarlos, cuidarlos y regarlos!
Este año se dieron muy hermosos, porque los ubiqué en lugares donde fui enterrando todos los desechos orgánicos (separo las basuras), y la tierra quedó enriquecida. Por nuestro clima, no alcanzan a madurar completamente en la mata, pero los tomo estando pintones y enseguida completan su maduración dentro de la casa, sin perder nada de sabor ni color.
Estas pequeñas grandes actividades me entregan satisfacciones y salud, que comparto con mis hijos, quienes se deleitan con todo aquello que se puede cultivar acá, sin utilizar ningún químico ni elemento extraño.  

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