jueves, 29 de diciembre de 2016

Medicina natural

Temprano salí a respirar aire fresco para sentir el rocío pegado a mis zapatos, para llenarme de fresca energía, para pasear mis ojos entre disímiles corolas y verdes láminas, para ganarle al sol que más tarde con sus candentes rayos nos apabulla y anonada.
Entonces volaron mis manos hasta el follaje de las salvias para quitar sus flores que olvidadas del azulino color ahora lucían marrones, oscuras, cansadas.

Y como alocadas golondrinas voló el tiempo transformando las horas en nada. Sólo existieron las flores, la brisa, los insectos, la compañía de los perros, el canto de los pájaros, las porfiadas malezas, el justo cansancio... Pura medicina natural para alivianar el alma...

Ya de vuelta la casa me recibió con su atmósfera fresca y descubrí que aún después de lavar mis manos se vino pegada en ellas el alcanforado perfume de las salvias. Subió como enredadera envolviendo mis sentidos.


Una y otra vez acerqué mis dedos a la cara para deleitarme con su aroma, que francamente me encanta.


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