viernes, 6 de enero de 2017

Es verano, y enero es tiempo de luciérnagas

Y aunque este en particular lo ha parecido en tan sólo algunos pocos días, es verano y enero es tiempo de luciérnagas…
Las luciérnagas están guardadas en mis recuerdos de infancia, junto con los del pequeño pueblo precordillerano donde nací. En ese entonces las llamábamos candelillas. Había muchas, y por las noches cuando aprovechábamos de jugar hasta muy tarde fuera de casa, gracias a la agradable temperatura, las atrapábamos para guardarlas en algún pequeño frasco y así observarlas por más tiempo. También, en otras ocasiones, las restregábamos sobre nuestra ropa y así quedaba en ella un leve rastro de su luminosidad (¡qué desconsiderados!).

Ahora, desde que vivo en el campo, he vuelto a gozar del espectáculo que nos vienen a regalar. A final de la primera quincena de enero solemos verlas en mayor cantidad, pero no realizan sus vuelos durante toda la noche, sino apenas una hora a lo más, desde el momento en que nada queda del día. Por lo tanto, si no lo recordamos a tiempo, perdemos la oportunidad.
Las luciérnagas son insectos que viven en lugares con humedad, bastante vegetación y existencia de alguna fuente de agua pura. Su ciclo de vida dura una año. Las larvas nacen durante el comienzo del verano de los huevos depositados en la tierra en el verano anterior. Allí  permanecen en estado larvario haciendo varias mudas de piel, y alimentándose de caracoles y babosas, a las que entumecen inyectándoles un fluido paralizante hasta llegar a convertirse en luciérnagas adultas(hembras o machos) a comienzos del verano siguiente. Ya adultas se alimentan de néctar o polen, aunque algunas no ingieren ningún alimento. Las luciérnagas adultas machos duran unas cuantas semanas del verano, hasta que consiguen aparearse y mueren. Las hembras duran un poco más, hasta poner los huevos de la nueva generación y después también perecen. Y ahí comienza de nuevo el ciclo.
Tienen la capacidad de brillar en la oscuridad, porque debajo del abdomen poseen unos órganos lumínicos y células especializadas, que cuando absorben el oxígeno, este se combina con una sustancia llamada luciferina. De la reacción química se produce luz y apenas un poco de calor. Cuando un macho quiere atraer a una hembra, durante su vuelo produce un patrón e intensidad de luz para señalarle a la hembra(ellas no tienen alas), que es de su misma especie. La hembra responde con un cierto patrón de luz e intensidad para decir al macho que está receptiva.
Existen más de dos mil especies de luciérnagas y en algunas, las hembras imitan los patrones de centelleo de otras especies, para atraer al macho y comérselo.
Como se habrán dado cuenta, las luciérnagas, además de maravillar a nuestros sentidos, son insectos muy interesantes y especiales.
Imagen tomada de internet.

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